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Paseo de la Palmera

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En 1910 se le denomina Avenida de la Palmera debido a la palmera que estaba plantada en el centro de la glorieta situada al final de la misma (hoy Glorieta Plus Ultra), pero ya al año siguiente recibe el nombre de Reina Victoria en honor de la esposa de Alfonso XIII. Con la Instauración de la República sería denominada Avenida de Mayo. Con la Guerra Civil pasaría a llamarse Avenida de la Victoria para volver de nuevo a denominarse, en 1980, avenida de la Palmera, nombre con el popularmente siempre se le ha conocido. Últimamente con la instalación de los nuevos rótulos en los espacios más significativos de la ciudad, el ayuntamiento la ha denominado específicamente como Paseo de la Palmera.

La avenida surge como prolongación natural hacia el Sur del paseo de las Delicias, en forma de carretera que permitiera enlazar el paseo con la llamada Venta de Guadaira, situada junto al cauce de este afluente del Guadalquivir y donde se constituiría la glorieta que le daba final. En 1911 se organiza parte del paseo bajo proyecto del arquitecto Juan Talavera, que desde el primer momento le dota de gran anchura mediante una calzada central de 14 m flanqueada por caminos peatonales de 7m y sendas calles de 6m para terminar con aceras; en total unos 44 m de anchura. Años más tarde (1916) el mismo Juan Talavera propone con un nuevo proyecto la terminación del mismo, aumentando la calzada central hasta 24 m y dotándola exclusivamente de aceras peatonales aunque mantenía el ancho total. Al mismo tiempo empiezan a surgir a ambos lados residencias tipo chalet, que motivarían que se dictasen en 1920 unas ordenanzas específicas de edificación para las construcciones a levantar en sus inmediaciones. Estas normas insistían en la fórmula de ese tipo de vivienda: aislada, retirada de los linderos, y rodeada de ajardinamiento, lo que acrecentó aún más las construcciones de ese tipo, de las que hoy quedan muchas. La anchura de la vía de tráfico rodado y la peculiar arquitectura de sus lados, le confirió ya desde entonces una imagen especial que todavía hoy mantiene.

Este panorama se acrecentó aun más con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, en la que la avenida fue objeto de obras de ampliación y mejora. Así en 1928 se amplía la calzada, pavimentándose con una loseta asfáltica rectangular que le confirió durante muchos años una peculiar imagen de novedad así como un piso notablemente suave frente al tradicional empedrado de las principales calles de la ciudad. También se abrirán nuevas conexiones laterales que la ponen en comunicación con el camino a Dos Hermanas (actual avenida de Manuel Siurot) y con las avenidas de la Reina Mercedes y de la Raza importantes vías durante la Muestra Iberoamericana. Se construirían asimismo pabellones de la misma como el del Aceite (desaparecido) o el de Cuba y la República Dominicana que con otros usos se conservan. Lujosas residencias privadas jalonan sus aceras por ambos lados, aunque en los últimos años muchas de ellas han perdido su característico carácter residencial para convertirse en sede de bancos, empresas de diversa índole, clínicas, etc. Algunas han mantenido adaptándolas las viejas construcciones, otras tristemente han sido derribadas, sustituidas por modernas edificaciones que han cambiado sustancialmente el aspecto que tradicionalmente ofrecía el paseo en un proceso de paso de zona residencial tipo ciudad jardín, a otro de servicios que parece lamentablemente imparable, a pesar de mantener como zona de edificación protegida gran parte de la contenida en su acera izquierda. 

El paseo de la Palmera posee una doble riqueza vegetal. Por un lado la que proporciona la propia vegetación existente a lo largo de su trazado y en los diferentes espacios vinculados a él, representada por multitud de especies, algunas muy poco frecuentes en el resto de la ciudad. Por otro, el indudable valor de su propia composición paisajística como paseo arbolado. 

En lo que a lo primero se refiere, el paseo contiene una gran diversidad vegetal tanto en árboles como en arbustos y trepadoras. La Glorieta Plus Ultra que le sirve de comienzo presenta ya un original, aunque reciente, ajardinamiento en el que destacan, junto a su fuente, adelfas (Nerium oleander) cultivadas en pie alto y una doble alineación de cipreses piramidales (Cupressus sempervirens var. stricta). Las verjas y tapias de las numerosas casas que jalonan su recorrido, prestan un acompañamiento vegetal botánicamente muy rico y dotan de gran expresividad plástica a las aceras del paseo: Buganvillas de diversos colores (Bougainvillea glabra var. sanderiana de color morado Bougainvillea x buttiana Crimson Lake de color rojo e incluso Bougainvillea spectabilis var. lateritia de original color ladrillo), Bignonias rosas (Podranea ricassoliana), Jazmín común (Jasminum officinale), trompetas (Campsis radicans), lantanas (Lantana camara), celestinas (Plumbago auriculata), campanilla azul (Ipomea acuminata), la elegante: Thunbergia grandiflora, hiedras (Hedera spp.),o tapizantes como la Dicchondra repens o la Aptenia cordifolia.

Aún siendo jardines, bien de propiedad privada o de la Administración y que por tanto no pertenecen como tales al paseo y no son de acceso público, la antigua avenida de la Palmera se encuentra acompañada de varios jardines que poseen un alto valor vegetal. Entre ellos la denominada Casa Sundheim propiedad de la Junta de Andalucía, donde es posible encontrar raros ejemplares de laureolas (Cocculus laurifolius). Los jardines de la Casa Rosa sede de la Agencia de Medio Ambiente de la misma Junta de Andalucía, que por sí solos merecen un recorrido especial por su altísimo valor botánico (es posible previo permiso su visita y recorrido). Los jardines del edificio que comparten la aseguradora Winterthur y la empresa Telefónica con un cuidado ajardinamiento donde destacan la alineación de laureles (Laurus nobilis) sobre cascadas de rocíos (Aptenia cordiflora), y los ejemplares de palmitos (Chamerops humilis). Los jardines del edificio de la Caixa con su curioso seto de naranjo y su tapiz de Dicchondra repens. Los sencillos jardines del convento de las Adoratrices con su enorme jacaranda (Jacaranda mimosaefolia) casi coetánea con las primeras que llegaron a la ciudad con la Exposición de 1929 y que hoy se encuentran en la plaza de América y su tapia chorreante de Fallopia baldschuanica (Polygonum aubertii). 

Asimismo los jardines de lo que fueron pabellones de la República Dominicana y de Cuba durante la Exposición de 1929. En el primero es interesante su verja cuajada de trompetas trepadoras (Campsis radicans) y en el segundo una variada flora americana representada por: washingtonias (Washingtonia filifera), palos borrachos (Chorisia speciosa), tipuana (Tipuana tipu) y Dombeya (Dombeya x cayeuxii). 

También pueden admirarse ejemplares aislados, como las altas y esbeltas casuarinas (Casuarina equisetilfolia) junto al Instituto Fernando de Herrera, los altivos Pinos (Pinus halepensis) que hacen guardia junto al legendario bar La Botella, y cerca, en un jardín particular, el bonito ejemplar de ceibo (Erythrina crista-galli) cuya copa asoma sobre la acera del paseo y el raro ejemplar de jacaranda de flor blanca en el Colegio Mayor Guadaira ya casi al final de la avenida. 

Pero el paseo de la Palmera llama también la atención por su sencilla pero acertada composición arbolada. Puede decirse que ofrece además un doble escenario visual y paisajístico. Por un lado las altas Phoenix Dactylifera plantadas en el borde de la calzada, marcando la separación entre la zona destinada al tráfico rodado y las aceras peatonales. Son bien visibles desde lejos, desde que procedente de Cádiz el viajero se adentra en la ciudad. Es una vegetación para ser vista con perspectiva, casi puede decirse que desde la calzada, desde los vehículos . Las copas en lo alto dibujan una rotunda línea que fuga en el horizonte de la inmediata ciudad. En cambio, en las aceras se ha compuesto una acertada combinación vegetal destinada antes que nada al peatón, al paseante: línea de falsas acacias (Robinia pseudacacia) que al ser de hoja caduca, permiten el pausado tránsito, dejando pasar los rayos de sol durante el invierno y que con el acuciante calor del verano ofrecen tupida y agradable sombra, no sin antes -en la incipiente primavera- haber ofrecido rutilantes claroscuros con su esplendorosa floración blanca antes de poblarse con las hojas. El acusado componente leñoso de las palmeras datileras, demasiado contundente en la cercanía de la acera para el peatón, se compensa con el vestido que del estípite poseen casi todas ellas a base principalmente de buganvillas, que enroscándose en él llenan de color su decidido arranque desde el suelo. Hay más: un casi imperceptible ritmo: palmera –dos naranjos- palmera, que dibuja todo el borde de la acera, ofrece también un denso contrapunto de verdor en la zona de visibilidad cercana para el tranquilo paseante, acrecentado además cuando en la primavera se acompaña de la embriagadora fragancia que ha llegado a definir la personalidad de una ciudad: el azahar. A esto se le añade un cuidado seto bajo de tuyas que acompañan en todo el trazado del paseo a naranjos y palmeras, que impide el cruce arbitrario de la misma y que sólo se abre ante garajes y pasos de cebra, en un formula que después se copiado en otras modernas vías de la ciudad. El paseante y el ciclista, que desde hace poco dispone de un carril en la misma acera, pueden disfrutar también del torrente de trepadoras que se descuelgan por las verjas y tapias de las casas que se abren a la avenida y además observará –si es curioso- como la naturaleza y la sabia elección de propietarios y jardineros, ha sabido situar a modo de palmera alta y de rápido crecimiento en la vía pública a la phoenix dactylifera , mientras que en la quietud de los jardines privados, tras las tapias, donde las diferentes generaciones pueden permitirse un crecimiento más lento e indolente y donde es más apropiada una menor altura, se convierte en dueña del panorama vegetal la phoenix canariensis. 

El Paseo de la Palmera es hoy -como lo ha sido desde hace muchos años- la entrada natural a la ciudad desde el Sur, desde Cádiz, para todo aquél que dejando de lado la modernidad y la vorágine de tráfico de las recientes vías de circunvalación de la ciudad, decide adentrarse en ésta acompañado por la vegetación y el melancólico recuerdo de la Exposición de 1929, para continuar después, sin apenas darse cuenta, por el romántico Paseo de las Delicias que entre los evocadores jardines del mismo nombre y la espesura del Parque de María Luisa conduce a la ciudad antigua.

Servicios de Parques y Jardines.
Area de Obras Públicas.
Ayuntamiento de Sevilla.




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